No a la mecanización de las emociones

La realidad nos está acostumbrando a notables avances tecnológicos que hacen nuestra vida más sencilla y, a la vez, nos convierten en seres más “inútiles”, si se me permite decirlo. Es cierto que desarrollamos habilidades nuevas y conocimientos técnicos de interés y utilidad, pero también es verdad que cada vez somos menos capaces de responder ante estímulos cotidianos, simples o de realizar tareas domésticas.

Hace poco leía en un blog, de dudosa reputación por cierto, que los pilotos han ido perdiendo habilidades para manejar “manualmente” los aviones, más acostumbrados a los usos automáticos durante el vuelo. Probablemente no sea del todo verdad, pero sí una mínima señal de alerta: cuando todo se convierte en un proceso automatizado, nuestro cerebro lo procesa como un acto rutinario.  Y leyendo sobre la plasticidad del cerebro, esa condición que nos permite regenerar, reforzar y construir puentes neuronales a base de estímulos y de acciones, se mencionaba que las actividades, cuando se convierten en rutinarias, son procesadas en una zona del cerebro junto a todos los procesos mecanizados. ¿Os ha pasado que preparáis un café o una tostada, o encendemos la luz o abrimos la puerta, sin pensarlo, de la misma forma día tras día? Pues ese es un acto mecanizado.
 
El artículo venía a decir que una forma de entrenar nuestro cerebro era, precisamente, haciendo que ese proceso mecánico sea “desmecanizado”. ¿Cómo? Pues variando la rutina: cambiando la ruta que seguimos día tras día, abriendo la puerta con la otra mano, guardando la llave en otro bolsillo, etc. Pequeños ejercicios que harán reaccionar a nuestro cerebro y lo mantendrán activo, junto a todo nuestro ejército neuronal.
 
Y todo esto que os he explicado viene a cuento de una noticia que leí ayer y que decía que Apple ha patentado una funcionalidad que permitirá a los usuarios a ver lo que hay delante de ellos mientras miran la pantalla de su teléfono o dispositivo. Si bien es una buena noticia para los despistados que han acabado estrellándose contra farolas, contenedores, coches o diversos obstáculos en las calles, me resulta alarmante el hecho de que nuestras vidas cada vez serán más cómodas en la pantalla y no en el directo que la realidad nos ofrece.
 
Haciendo el vínculo con la educación, cada vez será más fácil mecanizar conocimientos, habilidades y competencias, pero estaremos restando otras aptitudes y actitudes necesarias para una sociedad dinámica, conformada por individuos profundamente diferentes. Y a eso quería llegar: lo digital, lo 2.0, la tecnología y los avances de los equipamientos no pueden hacernos perder nunca de vista que, detrás de todo, está lo humano: somos personas, conectando con personas, estableciendo relaciones personales e involucrándonos como personas, porque se han inventado muchas cosas, pero todavía no existe ninguna app que nos permita apagar nuestras emociones y no involucrarnos sentimentalmente con aquello que hacemos, ya sea en el cara a cara o a través de una pantalla. Si no me creen, vean la película Her, un claro ejemplo de una realidad muy posible, aunque resulte profundamente triste que así sea.

Eduquemos en competencias tecnológicas, pero no olvidemos nunca las competencias emocionales, personales, sociales y humanas, las más relevantes dentro de todo el abanico, incluso mucho más que las matemáticas o lingüísticas. Porque no olvidemos que somos seres humanos y que vivimos en sociedad, y todo lo demás es un accesorio para hacer nuestra vida en común más sencilla, pero no más individual y aislada.

(Publicado en www.periodicoescuela.com)

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